Black Eyed Susan parte de una premisa muy incómoda y, precisamente por eso, interesante: el uso de la inteligencia artificial para canalizar los impulsos más oscuros del ser humano. Es una idea potente, de las que invitan al debate y que podrían dar lugar a una gran película.
El film plantea preguntas inquietantes sobre la ética, el deseo y los límites de la tecnología, sin caer en respuestas fáciles. Hay momentos en los que realmente logra incomodar, obligando al espectador a posicionarse ante lo que está viendo.
Sin embargo, el principal problema es su ejecución. El bajo presupuesto se nota demasiado en la puesta en escena, la fotografía y el acabado general, lo que hace que la propuesta pierda fuerza. Lo que debería ser perturbador a nivel cinematográfico, a veces se queda en algo más cercano a lo amateur.
Aun así, tiene mérito por atreverse con un tema tan espinoso y por intentar ir más allá del simple shock, buscando una reflexión de fondo.
Nota: 5