Pocas veces he visto una película tan redonda. Sabía que iba a ser potente como lector de Maggie O'Farrell. No obstante, no esperaba que la adaptación a manos de Chloe Zhao fuera tan, pero tan buena. Ocho nominaciones a los Óscar me parecen incluso pocas. De hecho, hay una que jamás entenderé: la no nominación de Paul Mescal en Mejor actor de reparto.
La dirección de Chloé Zhao está indudablemente unida a esa fotografía, a ese simbolismo que vemos desde el primer barrido de cámara en la primera de las escenas, cuando se nos presenta a nuestra protagonista, Agnes. A veces, moviendo la cámara a destiempo, nos introduce más en la escena y eso, en una película como esta, es fundamental. La banda sonora acompaña, tanto en ausencia como en presencial, como en ese final apoteósico.
Sin embargo, todo (montaje, dirección, banda sonora...) está centrado en aupar una de las mejores interpretaciones que he visto a lo largo de mi vida, y es la de Jessie Buckley. La fisicalidad de la propia interpretación hace que creas al cien por cien cada una de sus palabras, cada una de sus miradas, esos pequeños gestos con los que crea el personaje de Agnes. No se queda atrás Paul Mescal, pero donde él está perfecto, ella supera incluso ese umbral. Sus ojos dicen lo que el guion no tiene que explicitar.
Estoy deseando volver a verla, ya sea en el cine o cuando la tenga en físico, porque es una de esas películas que sí pienso comprar.