Es difícil innovar en un género como el de tiburones, pero en ‘Algo bajo el agua’ lo han logrado. ¿Cómo? Añadiendo a unas protagonistas capaz de liarse a puñetazos o a patadas contra un tiburón, al más puro estilo Jason Statham.
Y nos reíamos nosotros por ver a Brock Lesnar levantar un tiburón blanco y hacerle un F5 en un comercial.
El resto de la trama, escenas y demás aglomerados que construyen esta película quedan completamente irrelevantes. Tienes que vértela, pero únicamente que sea por esos dos momentos tan espectaculares que, al terminar, te habrás dado cuenta de que habrá merecido la pena.
No hay como ver una película de estas dimensiones para darse cuenta de que no hay como estar vivo para alucinarte de las ideas tan surrealistas de algunos directores o, en muchos casos, de los propios actores que van improvisando con la marcha.
Se nota que he salido encantado de esta película, no es para menos. La sensación que yo tenía antes de ponerme a verla es que iba a ser pobre, una sombra de lo que algún día fue Sharknado y una mota de polvo de los que un día fue Tiburón de Steven Spielberg.
Y sí, lo ha sido. Pero con dos escenas que consiguen sostener toda la producción en sus hombros, dejando al más cinéfilo con el culo roto y sin tener ni idea de cómo catalogar o clasificar lo que acaba de ver.
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Es difícil innovar en un género como el de tiburones, pero en ‘Algo bajo el agua’ lo han logrado. ¿Cómo? Añadiendo a unas protagonistas capaz de liarse a puñetazos o a patadas contra un tiburón, al más puro estilo Jason Statham.
Y nos reíamos nosotros por ver a Brock Lesnar levantar un tiburón blanco y hacerle un F5 en un comercial.
El resto de la trama, escenas y demás aglomerados que construyen esta película quedan completamente irrelevantes. Tienes que vértela, pero únicamente que sea por esos dos momentos tan espectaculares que, al terminar, te habrás dado cuenta de que habrá merecido la pena.
No hay como ver una película de estas dimensiones para darse cuenta de que no hay como estar vivo para alucinarte de las ideas tan surrealistas de algunos directores o, en muchos casos, de los propios actores que van improvisando con la marcha.
Se nota que he salido encantado de esta película, no es para menos. La sensación que yo tenía antes de ponerme a verla es que iba a ser pobre, una sombra de lo que algún día fue Sharknado y una mota de polvo de los que un día fue Tiburón de Steven Spielberg.
Y sí, lo ha sido. Pero con dos escenas que consiguen sostener toda la producción en sus hombros, dejando al más cinéfilo con el culo roto y sin tener ni idea de cómo catalogar o clasificar lo que acaba de ver.